19 feb. 2011

¿Lo sabías? Te quiero.

¿Qué te pasa?
No sé como decírtelo...
Intenta explicarlo. O tampoco sabes, como de costumbre.
Es difícil, pero a ver... Siéntate en el columpio. Hazme caso, por favor. Sólo así lo entenderás.
Ya estoy en el columpio. ¿Ahora qué?
Comienza a columpiarte. Una vez cogido impulso, cierra los ojos... ¿Notas esas cosquillas en el estómago? A mí no me hace falta columpiarme para sentirlas. Las tengo cada vez que te veo, cada vez que me hablas, cada vez que oigo tu nombre...
Puf, de verdad. No sé que decir...
No, pero aún no acaba. ¡No abras los ojos! ¡Sigue cogiendo impulso! Ahora suelta una mano...
¿Qué? ¡¿Tú quieres matarme?!
Hazme caso, confía en mí. Suelta una mano...
¡AAAAH!
¿Has visto que sensación? Parece que te vayas a caer, se te corta el aire y se te acelera el corazón... Eso me pasa cada vez que te separas de mí, cada vez que te noto distante... o más cercano a ella.
Pero...
No digas nada, no abras los ojos. Déjame impulsarte y sólo abre los ojos cada vez que estés arriba, y mira al cielo ¿vale? Una, dos, tres y...
¿Y esto? ¿Cuál es esta sensación?
Sólo contigo siento que toco el cielo... siento que vuelo. Me siento a tres metros sobre el cielo...
¿Tanto me quieres...?
Nunca dejaría de columpiarte.

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