26 jul. 2012

Mágicos amaneceres despertando a tu lado.

La brisa que se cuela por la ventana hace que se mueva tu pelo. Lo observo, parece que el viento quisiera jugar con él. Y la verdad es que me gustaría ser él y poder acariciarlo. Cada uno de tus despeinados rizos. Me doy cuenta de que uno de ellos tapa tus ojos. Suelto una risa ahogada, no quiero despertarte. ¿Te he dicho alguna vez que pareces un ángel durmiendo? Pero luego eres tan diferente... Otro escalofrío me recorre por el cuerpo. Sonrío y por unos segundos me entristece que no me hayas visto. Siempre dices que mis sonrisas te devuelven las ganas de soñar. Y que es como si el Sol resplandeciera de entre mis labios. Sigo observándote. Otra brisa se cuela en la habitación e invade nuestra cama. El rizo que tapaba tus ojos se desliza unos milímetros. Despacio, abres tus ojos. Te das cuenta de que te estoy mirando, y yo noto calor en mis mejillas. Me he sonrojado. Sé que siempre dices que mi timidez te vuelve loco, y que te entran ganas de comerme a besos cada vez que me ocurre.

—¿No piensas besarme? —te ríes ante mi sugerencia. Tu voz suena débil, casi en un susurro. Y no sé si es porque estás dormido o porque sabes todo lo que provocas en mí haciendo aquello. Te acercas, separando la poca distancia de nuestros cuerpos y se me escapa una sonrisa. Ésta vez sí la has visto, lo sé porque tus ojos se iluminan.
—No pienso en otra cosa —susurras sobre mis labios haciéndome estremecer por completo. Tus manos se adueñan de mi espalda, regalándome caricias que me hacen soñar. Que me hacen volar...
—Mucho estás tardando. ¿No crees? —y ésta vez sí. Tus labios se posan en los míos. Un beso dulce. Tranquilo, lleno de amor. Un beso en el que me das a entender que sí, que llevabas demasiado tiempo queriendo volver a probar mis labios.


1 comentario:

  1. ¡Oh, vaya! Esta historia me está fascinando.
    Escribes de una manera muy dule y, eso, me encanta*-*

    (besos
    rellenos de
    felicidad)

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