23 jul. 2012

El inconfundible aroma del amor.

Observo la manera tan peculiar que tiene de arrugar la nariz cada vez que sonríe. O como hace una mueca con sus labios cada vez que un mechón de pelo se interpone entre ella y su cuaderno. No sé si se ha dado cuenta de que llevo un tiempo observándola. Parece tan frágil cuando no estoy a su lado... Quizá sean mis inmensas ganas de volver a sentirla. De sentir sus finos dedos recorrer mi espalda, hasta acabar en mi nuca. La naturalidad de sus palabras, o la intensidad de su mirada. Pero sigo observándola. Su delgado cuerpo se deja ver tras su camiseta desgastada de tonos azules. Ella dice que las camisetas anchas le dan más libertad. Yo sonrío ante su forma de pensar, y la naturalidad con la que desprende tanta magia. Sus ojos se posan sobre los míos. Y consigue robarme una sonrisa -una de tantas- que hace iluminar sus preciosos ojos azules. Sus delgados brazos se posan sobre los míos, provocándome un mar de sensaciones. Respiro de nuevo su aroma. Acerco su cuerpo al mío, y sé que se ha vuelto a estremecer al contacto de mi piel. Intento ser delicado juntando sus labios a milímetros de los míos, ganándome así otra de sus sonrisas. De las que consiguen parar por unos segundos el latido de mi corazón, haciendo que luego bombeé rápidamente. Sonríe mientras nuestros labios vuelven a encontrarse. Es una sensación que cada vez me hace necesitarla más. Porque vuelvo a saborear el dulce sabor de sus labios.

1 comentario:

  1. ¡Oh, es precioso! El aroma del amor se puede oler a distancia y sí, eso que él siente es verdadero amor.
    ¿Sabes? Tu blog me ha enamorado así que vas a tener a la chica de la felicidad rondando un rato por aquí.

    (besos
    rellenos de
    felicidad)

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